La tremenda injusticia
de votar a Rajoy
Lo justo no tiene que
ver con la lógica cuándo toca en política,
como la vida misma, aunque a la actividad de gobernar lo público no le
deben caer todos los san benitos, amén que esté en el común de lo reaccionario,
por siglos, invertir en su desprestigio.
Ayer, la vicepresidenta
del Gobierno, en funciones, impartía doctrina por la negativa del PP a que cumpla
con su obligación Guindos, en funciones, para explicar el caso de Soria en el
Parlamento, achacando que los malos, los otros, lo piden para sacar réditos
electorales, desvergüenza. Rajoy, ayer,
reitera el gran mantra a su grupo parlamentario, acusando a Pedro
Sánchez de no doblegarse y abstenerse, lógica venenosa por España hacerlo
pardillo o el diablo, menudo descaro.
Me telediarian a Rita
Barberá, un poco de Mata, me pasearon a Rato; Bárcenas dice que tiene un
agujero negro en sus fondos, por lo que no puede seguir pleiteando por su disco
duro masticado por los rosauros de calle Génova y un poquito de Gürtel. Una
buena nueva, el embarazo de Núñez Feijóo, jodido por la situación embarazosa en
la que quedó ayer en el debate de las gallegas, cuándo le espetaron los
malditos rivales por los temillas de corrupción. El pan de ellos de cada día…
No sé si cuando le
estaban probando los trajes gratis a don Mariano, papeles de Bárcenas, y
declaraciones al juez, por eso de cambiarle la facha, como si la mona vestida
de seda, pueda disfrazarse de Caperucita. No sé si fue ese el momento, en el que le colocaron las mangas anchas, con
las que puede mirar su entorno de soslayo, entre la laxitud y el descaro, como
si la cosa no fuera con el presidente del partido de los sobres de la pasta en
negro.
Con toda la retranca
que se atribuye a los gallegos, con todos los votos que a toque de generala
tienen fidelizados, con todos los voceros que repiten sus consignas hasta el
hartazgo, nadie puede evitar que los españoles de bien y adláteres, aspiren a
una regeneración de España, cómo la que les puedo contar a boca ancha de la
época ética de la Transición.
En el libro “El arte de
la guerra”, de Sun Tzu, manual para las malas ocasiones, entre las
recomendaciones para el éxito de los generales, se habla de la necesidad de la
elevada moral de la tropa, me alegra que Sánchez no juegue con nuestra vergüenza.
Desconozco si a golpes de pecho y actos de contrición se puede tener la moral
alta o cabizbaja, de todas maneras reconozco un mérito que aún les quede fuerza
para ir a votarlos.
En tan difícil
situación de elegir un presidente, y ya corre que vuela, ya conocemos todos los puntos de vista, menos
el necesario, recomiendo a todos los actores dos libros, uno de Paul Preston,
“La anatomía de la destrucción de la democracia en España”; y el de Juan Simeón
Vidarte, allá desde el exilio, “Todos fuimos culpables”.
El manual de la paz, es
el que hace al buen gobernante y a los líderes, salvo a las bestias, los
pueblos no aspiran a tenerlos en eternas disputas, a pesar de los pesares.
Curro Flores
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